Vigor para Vigor
November 29th, 2009 | Graphic Design, Visual Communication | No Comments »
En el mundo del diseño contemporáneo no es raro encontrarse productos que como parte de su estrategia de venta utilizan palabras como: clásico, tradicional, puro, etc. Sin embargo, estos adjetivos acompañan siempre un nombre de marca que identifica al consumidor con el producto. En los últimos tiempos nos hemos saturado de productos que utilizan esos vocablos, y ya todo comienza a sonar tradicional, original o clásico. Pero no solo se ha producido una saturación con respecto al uso, y en muchos casos abuso, de estos términos, sino que parecen ya agotados aquellos (directores de empresas, consejeros de mercadotecnia, gestores de diseñado) que nombran los nuevos productos.
En el mercado que comercializa en moneda nacional en Cuba, hace varios años que se expenden condones bajo el nombre de marca Vigor. Estos se pueden observar junto a los Twinlotus, de fabricación china, que se pueden comprar en casi cualquier establecimiento, desde farmacias hasta cafeterías. Es en estas últimas donde ha aparecido otro producto que bajo el nombre de Vigor, se presenta al consumidor como una bebida energizante de fabricación nacional. Si bien pertenecen a dos sectores de consumo que guardan poca o ninguna relación en el tema de propiedad intelectual, resulta interesante como ambos productos se hagan susceptibles a ciertas conexiones. “Tome Vigor para usar Vigor” es una frase que bien pudiera utilizarse para promocionar ambos productos en una estrategia de mercadotecnia cruzada. Inevitablemente asociados ambos se pueden complementar si pensamos que nos incitan a un memorable y seguro encuentro sexual.
No obstante el ingenio de esta estrategia, la bebida energizante, a diferencia de los condones no se puede decir que lidere su sector de mercado en el que la afamada Red Bull se lleva los lauros. Lo que si podemos afirmar es que condones y bebidas energizantes pueden asociarse en una estrategia, pero que tengan el mismo nombre nos hace pasar de aclamar el ingenio a cuestionarnos lo ingenuo del nombre de este nuevo producto. La acción de nombrar es de por si compleja, nombrar un hijo es casi una tarea titánica, pero nombrar un producto es ante todo una acción de ventas.
Escoger el sustantivo preciso debe derivar de un cuidadoso proceso de selección y de continuos estudios de mercado. No basta que el nombre sea fácil de pronunciar en el idioma del consumidor final, que sea breve, que tenga connotaciones positivas, que lo podamos recordar e incluso que nos sugiera connotaciones positivas, es de vital importancia que las asociaciones derivadas de su interacción con otros productos, aunque estos no sean de su mismo sector económico lo beneficie siempre, que no se confunda en la tablilla de una cafetería o que de pie a asociaciones equívocas o erradas.